117.- Investigación científica en medicina

Resumen

Los epónimos han formado parte del lenguaje de la humanidad desde hace más de veinticinco siglos, y abundan especialmente en los lenguajes de las especialidades tanto de la medicina como de otras ciencias, como la química, las matemáticas, la economía y finanzas, entre otros, así como en el lenguaje común y popular. Proceden del griego y del latín, pero últimamente también se incorporan continuamente palabras de origen inglés. Es por ello que durante muchos años cundió la moda de poner un término epónimo a las estructuras que se describían dentro de la morfología humana, cayendo en incoherencias, tales como que un solo elemento, o una estructura anatómica, pudiese tener varios epónimos calificativos al mismo tiempo, todos sin ningún valor descriptivo ni morfológico, lo cual acarreaba un serio problema, debido a que los epónimos están sometidos a procesos de homonimia, polisemia y sinonimia. El empleo de epónimos se ha visto envuelto en los últimos dos siglos en relevantes discusiones y debates con una tendencia marcada a su desuso o remplazo por una terminología más descriptiva, más coherente, que permita una mayor comprensión y uniformidad al transmitir dichos conocimientos. Su rápida y fácil sustitución por términos normalizados, dependerá de los cambios que efectúe la International Federation of Associations of Anatomists (IFFA) y del Federative Comittee of Anatomical Terminology (FCAT), los cuales están enfocados en reemplazarlos.

Palabras clave: Epónimo, términos anatómicos, sinonimia, polisemia, historia, lenguaje científico, nomenclatura anatómica internacional.

Introducción

La anatomía es una de las ramas más antiguas de las ciencias médicas, es por ello que sus términos, tanto en el pasado como en el presente, son el sedimento de más de una veintena de siglos de estudios. Sin embargo, a lo largo del tiempo, el aprendizaje de la anatomía humana ha sido considerado como desolado, difícil y, para muchos, sin ningún atractivo o interés en su aplicación durante el estudio de la carrera.(1,2) Aunque esta es una de las asignaturas más importantes impartidas en las escuelas médicas del mundo moderno, se descuida en muchas ocasiones el estudio basado en una terminología anatómica actualizada, unificada y universal. Esta falta de interés es posible que se deba a que su estudio suele estar marcado por la inexactitud con que se nombran los términos anatómicos en su origen, sin ser nada descriptivos o debido al choque entre la terminología de la eponimia versus la contenida dentro de la nomenclatura anatómica internacional (TAI). En el lenguaje anatómico que se utiliza frecuentemente en las diversas Facultades y Escuelas de Medicina, donde se dicta el aprendizaje de la anatomía,(1,2,3) es muy común observar que a los elementos y/o estructuras anatómicas, se los haya relacionado y comparado con objetos, personas y cosas, algunas de ellas existentes, muchas veces otorgándoles una identidad de tipo imaginativa, mitológica e inclusive mágica, la cual permaneció en la literatura anatómica por siglos.(3,4)

Desde tiempo inmemoriales existen una serie de términos que orientan y les dan identidad a diversas estructuras, a muchas de ellos les otorgan una identidad lógica, y a otros los oscurecen y deforman en su realidad morfológica. Se originaron así una gran cantidad de nombres adoptados como términos de identidad morfológica, conservados por centurias y respetados en su universalidad, aunque no en su lógica definitoria.

En consecuencia, se hacía necesario poner en evidencia algunos de los muchos errores y deformaciones que ocurrían, todavía ocurren, en el aprendizaje de la anatomía humana. También es posible que ese desinterés se deba al poco conocimiento de la realidad actualizada de la terminología basada en la Nomenclatura Anatómica Internacional, lo que conduce al deterioro de su aprendizaje.

Este supuesto deterioro puede deberse

  • Al uso de epónimos,
  • a errores tradicionales y repetitivos,
  • a traducciones y translaciones inadecuadas o
  • simplemente a su inexistencia.

Como son muchos los posibles errores, nos limitaremos a hacer referencia al uso de los epónimos en el aprendizaje de la anatomía. Asimismo cabe señalar que, en muchos casos, el uso de estos epónimos ni siquiera le hacía honor a un investigador morfológico, y por otra parte, se encontraron muchos que por su falta de descripción no han podido ser registrados con un término equivalente en latín de la terminología anatómica mundial.(5)

En el desarrollo de dicho lenguaje tuvo gran influencia la gran escuela de medicina griega, a la cual se le atribuyeron tradicionalmente estos epónimos.(5,6) La tendencia actual en el estudio de la morfología es reemplazar la utilización de epónimos por términos que le den al disertador una idea más clara de lo que está descrito y pueda recordarlo mediante la asociación de los conceptos anatómicos actualizados. Este artículo es una reflexión sobre el origen de los términos anatómicos en cuanto al uso y abuso de la eponimia en el quehacer anatómico desde su visión en el pasado, en el presente y por qué no, en el futuro.

Origen histórico de los términos anatómicos

Existe la idea general de que el estudio de una ciencia morfológica como la anatomía dispone de un lenguaje unívoco, preciso, conciso y transparente, requisitos imprescindibles para lograr precisión conceptual, debido a los mecanismos de composición culta para la formación de términos. De esta manera, cualquier iniciado en la medicina podría desentrañar el significado de un término anatómico, basándose en las reglas de los formantes grecolatinos.(5,6,7,8)

Como lo expresamos antes, la mayoría de los términos específicos empleados en medicina que hacen referencia a la anatomía humana, proceden del griego y del latín, pero últimamente también se han incorporado palabras de origen del idioma inglés. Los términos de origen griego proceden de la llamada “Colección Hipocrática” de sus diversas escuelas médicas; se le atribuyen tradicionalmente a Hipócrates que desde casi sus comienzos esbozó una especie de diccionario con sus observaciones.(8) Claudius Galeno (129-199) también intentó crear e imponer una nomenclatura anatómica en griego, en sus seis tratados médicos, sobre osteología y neurología, entre otros. Las enseñanzas de Galeno permanecieron durante más de mil años.(7,8)

La ciencia anatómica moderna comienza con la obra magna de Andrés Vesalio (1514-1564), quien publica en 1543, su libro en latín De humani corporis fabrica libri septem,(8,9) obra que modifica muchos conceptos erróneos de Galeno. Vesalio sostenía que la terminología debía ser simple, sencilla y fácilmente recordada mediante la evocación de cosas conocidas. Sin embargo, su nomenclatura no fue adoptada debido a que los médicos de ese período carecían de suficiente educación, por lo que no la entendían por completo o no podían utilizarla correctamente.(9)

En 1880, el anatomista vienés Joseph Hyrtl realizó un análisis detallado de 421 términos publicados en el libro Onomatología Anatómica,(10,11) donde hacía una fuerte crítica del lenguaje anatómico de entonces, con especial énfasis en “los barbarismos, absurdo, tórpido y en los graves errores gramaticales”.

Sin embargo, no fue hasta 1887, cuando se comenzó una revisión de la terminología anatómica en Leipzig (Alemania) y luego continuó en Inglaterra en 1894. El primer listado de términos anatómicos realizado en forma conjunta y consensuada fue hecho por los anatomistas alemanes, donde se constataba una serie de 4500 términos en latín, de los 50.000 existentes para el momento.(11) Este listado se conoció con el nombre de Nomina Anatómica de Basilea (BNA), con el cual se pretendía reconsiderar dicho establecer una terminología estructurada, sistemática, coherente; que valiese tanto para interpretar de modo unánime lo conocido, como para clasificar e integrar en la misma estructura conceptual los descubrimientos o modificaciones en el futuro.

En 1895, el recorte de términos que impuso la BNA fue enorme: despejó el inaccesible y confuso bosque de 50.000 elementos hasta unos 5000; redujo fundamentalmente numerosos sinónimos y denominaciones erróneas que no concordaban con la realidad objetiva, en tiempos marcados por el positivismo científico.(12,13,14,15)

En 1903, durante una reunión en Nancy (Francia), se propuso la creación de la Federación Internacional de Asociaciones de Anatomía (FIAA),(16) con el objetivo de que esta estableciera las reglas y organizara los congresos donde se intercambiarían hallazgos y puntos de vista de común interés, sobre la proposición de un listado de términos anatómicos en latín, que luego se traduciría a las distintas lenguas de las sociedades allí reunidas.

En 1923, la Sociedad Anatómica, reunida en Heidelberg, creó una Comisión de Nomenclatura (Nomenklatur Komission, NK) con el ánimo de que los anatomistas de todo el mundo colaborasen en la redacción de una nueva nómina anatómica actualizada. Durante la década de los años treinta se publicaron tres revisiones de Nómina Anatómica, en forma casi simultánea. La Sociedad Anatómica de Gran Bretaña e Irlanda presentó la revisión de Birmingham, la Sociedad Anatómica Alemana hizo lo suyo en 1935 y anatomistas estadounidenses y japoneses crearon otra terminología. La revisión que alcanzó mayor importancia fue la alemana. Se conoció como Nomenclatura Anatómica Internacional de Jena (Jena Nomina Anatómica o JNA para los autores ingleses).(19)

En el Congreso Internacional de Anatomía de Milán, 1936, se aprobó esta nómina, aunque sin carácter definitivo, sino como elemento básico indispensable para marcar el rumbo de trabajo y sustrato de las ulteriores correcciones y modificaciones.(17,18) Finalmente, en la actualidad existe un comité que trata todo lo concerniente a la terminología anatómica: “Comité Federal sobre Terminología Anatómica (FCTA), dependiente de las cincuenta y seis asociaciones que forman la Federación Internacional de Asociaciones de Anatomistas (IFAA), que han tenido múltiples reuniones de las que ha surgido la Terminología Anatómica Internacional actualmente vigente.(20,21)

La eponimia en el lenguaje médico

Los epónimos han formado parte del lenguaje desde tiempos inmemoriales y son especialmente abundantes en los lenguajes médico-científicos. La palabra epónimo proviene del vocablo griego επι- (epi = encima, sobre) y ωνυμος (onomos = nombre) por lo cual el diccionario de la Real Academia Española (RAE) define un epónimo como “el nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, una enfermedad, una unidad, entre otros”.(12) Hoy en día muchos de los epónimos que utilizamos provienen de la época en que surgió la ciencia moderna, en torno a los siglos XVI-XVII, cuando se produjo la llamada revolución científica. Como mencionamos, la eponimia no es un fenómeno reciente, de hecho, algunos de los epónimos más antiguos se remontan al primer y segundo milenio antes de Cristo.(2)

Se observa también que el uso de epónimos no se limita exclusivamente al área de la ciencia, sino que están presentes en todos los campos del conocimiento y se asignan con frecuencia a todo tipo de realidades. Es un fenómeno tan frecuente, que algunos epónimos ya no llevan mayúscula, puesto que se han incorporado completamente al lenguaje del día a día.(2,3,4,5)

Los epónimos puede originarse principalmente de dos formas. La primera, por asociación del nombre de una persona o de un lugar con el significado del epónimo utilizando el genitivo “de” en castellano; se crea así, una lexía compleja, Síndrome de Down, por ejemplo.(2,4) Otra de las maneras de crear epónimos es utilizar el nombre del inventor o descubridor como raíz o punto de partida para acuñar otras palabras y convertir un nombre propio en común, como por ejemplo “trompas de Falopio” (Gabrielle Falloppio, anatomista del siglo XVI), “glomérulo de Malpighi” (Marcelo Malpighi, médico italiano del siglo XVII).(2,3)

Muchos epónimos proceden de otros ámbitos, por ejemplo, la mitología griega es una fuente inagotable de epónimos. El “monte de Venus” se refiere a la diosa griega del amor.(9) El término “asta de Ammón” a un dios egipcio con cuerpo de humano y cabeza de oveja. Asimismo muestran gran imaginación los términos semilunar, “estelar o solar”, en los que se comparan estructuras anatómicas con los astros del firmamento. Pero también tenía influencia la imaginación cuando era proyectada y alcanzaba sus más altos vuelos: términos como “músculo” es por demás curioso, ya que proviene del diminutivo de “mus”, ratón doméstico, por el pequeño ratón que aparece cuando se flexiona el brazo; el “tálamo” correspondía a la cámara interna del hogar romano.(5,7,8) Asimismo por su situación dentro del cuerpo términos como la “médula” que es el meollo o lo que está adentro; la “pleura” que se refiere al lado, al costado; “el hueso femoral es la base ósea del fémur, que significa muslo; “cigomático” se relaciona con el pómulo; “seno”, golfo, como un ensanchamiento vascular venoso; y el término “vallécula”, como vallecito, o “fóvea” como fosa.(4) Algunos ejemplos que encontramos con frecuencia en el léxico científico sobre todo en el área de la anatomía.

Habría que observar la cantidad de diccionarios enteramente dedicados a la recopilación de epónimos en el lenguaje anatómico; pero, a pesar de esta opulencia de términos eponímicos, nos debe llamar la atención que la eponimia es un fenómeno cuando menos polémico. La eponimia es un fenómeno bien arraigado, a pesar de las críticas que recibe, ya que cada vez son más las voces que abogan por la sustitución de los epónimos por términos normalizados, especialmente en la anatomía humana.(7,8)

Se plantea un serio problema debido a que los epónimos están sometidos a procesos de homonimia, polisemia y sinonimia.(8) El hecho de que algunos epónimos se usan con diferentes significados y otros presentan numerosos sinónimos se ha usado como base para argumentar en contra de la utilización de los epónimos en el lenguaje anatómico. La homonimia o identidad fónica (homofonía) y gráfica (homografía) de dos palabras con significados diferentes por evoluciones coincidentes de dos palabras con significados distintos.(10) En nuestro caso serían nombres propios iguales que se utilizan para conceptos diferentes. Un “sinónimo” es “un vocablo o una expresión que tiene una misma o muy parecida significación que otro”.(12) La sinonimia es un fenómeno ampliamente asociado a la eponimia, a pesar de oponerse a uno de los principios fundamentales del lenguaje científico, que es la univocidad, es decir, que por cada concepto hay un único término. Mientras que por “polisemia” se entiende la “pluralidad de significados de una palabra o de cualquier signo lingüístico.(12)

Finalmente, se reconoce que el uso de nombres epónimos en el lenguaje anatómico no es un asunto neutral, sino que, en mayor o menor medida, su uso ha generado controversias entre los investigadores de casi la totalidad de los ámbitos científicos. A pesar de que hay quienes defienden su uso como parte fundamental del lenguaje de las ciencias médicas, vemos que existe una predisposición cada vez más acusada que respalda su eliminación del lenguaje terminológico anatómico y propone sustituirlo por un lenguaje normalizado en la Nomenclatura Anatómica Internacional.

El pasado de los epónimos en el estudio de anatomía

Los nombres epónimos pueden variar según las lenguas, pero solo son útiles si mantienen el mismo significado y comprenden lo mismo. Es inverosímil el enorme listado que podría construirse si se recopilaran todos los nombres epónimos empleados en la literatura anatómica. Traducir los epónimos de un idioma a otro, por la modificación de la escritura, ha llevado a confusiones que hacen muy difícil identificar su verdadero significado. A pesar de ello han sido fundamentales en la ciencia de la medicina, son símbolo de un fenómeno lingüístico que facilita la comprensión de muchos términos sin necesidad de explicar su concepto. Muchos hacen referencia a nombres de personas que vivieron en el período comprendido desde antigua Grecia hasta el siglo XX.(1,2,3,4,5)

El comité para la recomposición de la terminología anatómica tiene un listado de epónimos reconocidos internacionalmente. Este hecho apunta a que, con seguridad en el pasado, hubo una predisposición casi apasionada, en la medicina como en la anatomía, por nombrar todo aquello susceptible de ser nominado, con el nombre de aquel o aquellos que lo observaron, lo descubrieron, lo describieron primero o lo diseñaron.(3)

Esta situación correspondió con el incremento exagerado de la cantidad de epónimos que se encontraban en las páginas de la literatura médica la cual simplemente se llamó “el idioma médico”, proceso que tuvo un papel trascendental en la evolución de la comunicación científica médica global. Con el paso de los tiempos la terminología médica ha ido cambiando en cuanto al léxico anatómico. El uso de nombres epónimos se empezó a abandonar para dar paso a un lenguaje anatómico con términos más descriptivos, los cuales pueden ser tomados como una de las tantas razones por la que los epónimos han tendido a desaparecer. No obstante, resulta difícil pensar que los nombres epónimos puedan desaparecer por completo del lenguaje médico y que se pueda producir una rápida y fácil sustitución de los mismos por términos normalizados, puesto que si los nombres epónimos sobreviven en este ambiente desfavorable es porque aportan más de lo que podrían ofrecer otros recursos lingüísticos.(14) Siendo esto así, a continuación se expone un breve listado de epónimos más usado en el pasado y en el presente de la anatomía humana (Tabla 1).

El presente de los epónimos en el estudio de anatomía Hoy en día se ha originado una polémica internacional en torno a la congruencia en el empleo de los nombres epónimos en medicina en el área de la anatomía. Polémica dividida, ya que hay quienes tienen argumentos y defienden su empleo:

  • Estos le dan matiz a la disciplina,
  • le otorgan sencillez a la descripción del elemento o estructura anatómica a la que hacen referencia,
  • la utilización de epónimos da cierta aureola de erudición o prestigio al individuo que los usa o los nombra,
  • son términos neutrales, es decir, que al ser empleados no provocan ningún sentimiento, ni en la audiencia, ni en el público lector.(3)

La gran mayoría de los nombres epónimos, ha sido empleada en medicina por muchos siglos en muchas partes del mundo y ha facilitado la comunicación entre los profesionales de la medicina. Tradicionalmente los epónimos han sido la forma más sencilla de nombrar los nuevos descubrimientos. La mayoría de las veces la descripción de los mismos precede al entendimiento completo de los términos anatómicos. Sirven en ocasiones para cubrir un vacío existente en vez de requerir una creación. Son simples y concisos por lo que evitan escribir o recitar grandes definiciones no exentas de promover tergiversación de los términos a lo que se refieren.

Los nombres epónimos deben utilizarse con sumo cuidado y, siempre que sea posible, con su definición conceptual; estos pueden simplificar y abreviar la terminología médica, facilitan la comprensión y comunicación entre los profesionales de la salud. A lo largo de las épocas, los epónimos en anatomía proporcionan una perspectiva histórica de las diferentes especialidades médicas, puesto que arrojan luz sobre el conocimiento que existía en épocas pasadas, la evolución del mismo y el conocimiento actual que existe en una determinada ciencia.(11) El enunciado de un epónimo parece simple, pero existiría un vacío intelectual si no lo vinculamos al conocimiento de la biografía de su autor, su nacionalidad, su especialidad, las circunstancias de su vida y de la medicina junto al estudio de la anatomía de su época. Es decir, estos ponen de manifiesto la faceta más humanística de la investigación médico-científica.

En la época actual cuando la medicina se basa en evidencia científica, los nombres epónimos vienen a ser un homenaje, en la mayoría de las ocasiones merecido e históricamente comprobado, a la comunidad científica, a los investigadores, inventores, descubridores o diseñadores de algo, que de alguna manera contribuyeron a la expansión de las fronteras del saber médico y anatómico.(18,19,20)

Otros autores,(22,23) consideran que el uso de los epónimos no está justificado y ven necesario realizar un esfuerzo para evitar su uso y, con ello, erradicarlo del lenguaje médico. En su lugar, estiman que sería pertinente utilizar términos construidos de acuerdo con la nomenclatura anatómica normalizada. También se afirma que muchos epónimos están ligados a científicos cuyo descubrimiento fue producto de hechos atroces relacionados con la medicina de la era del oscurantismo, e inclusive, con los de la medicina nazi.

Otro argumento que esgrimen los autores para no usar los epónimos,(24) es que difieren de un país a otro, por lo puede originar la modificación en su escritura al traducirlos, produce confusiones, hacen muchas veces difícil identificar su verdadero significado y genera cierta dificultad al comunicarse el personal médico de diferentes partes del mundo. Algunos nombres epónimos utilizados son anglosajones, lo que produce en ocasiones confusión, pues el primer problema que plantean es escribirlo correctamente y, el segundo es que en ocasiones, se trasforman en adjetivos. Sin embargo, sustituir un epónimo por un sinónimo no está exento de problemas, pues puede producir confusión todavía mayor.(2,3) Otra desventaja de los nombres epónimos, como ya hemos visto anteriormente, es que no tienen precisión científica. Al contrario de lo que muchos piensan, los epónimos dan pie a la confusión, pues a veces hay más de un epónimo para designar un solo concepto (sinonimia),(15) lo que trae consigo un gran inconveniente tanto para la exactitud del lenguaje médico como para la comprensión histórica del mismo.

Por último, cabe destacar que el legado lingüístico, que representan los nombres epónimos, de las lenguas clásicas en general, y del griego en particular, a la lengua española es innegable y valioso. Pero en años recientes los miembros de la International Federation of Associations of Anatomists (IFFA) y del Federative Comittee of Anatomical Terminology (FCAT), están enfocados en una tendencia a reemplazar algunos de los nombres epónimos más populares por términos de una índole más descriptiva, que den al lector una idea más cercana de lo que se describe y que le permitan recordarlo mediante la asociación de conceptos. Siendo así, a continuación se expone un listado de epónimos reemplazados parcial o totalmente en la anatomía humana por la TAI. (Tabla 2)

Tabla 2. Epónimos reemplazados en la literatura por la Nomenclatura Anatómica Internacional (TAI)

 

   

 

El futuro de los epónimos en el estudio de anatomía

El aumento en el número de trabajos o investigaciones que abordan los problemas terminológicos anatómicos y el uso de nombres epónimos lleva a pensar que hay nuevos elementos de juicio que influyen en una concepción diferente de dicha problemática y, al mismo tiempo, señalan la necesidad de una terminología médico-anatómica de uso universal. El lenguaje médico, al igual que todos los lenguajes científicos, tiene como objetivo referirse con precisión a los conceptos propios de su área de conocimiento y a la vez pretende servir de puente comunicacional entre los miembros de la comunidad médica internacional, comunidad que se sirve de una terminología específica, que utiliza vocablos procedentes de las lenguas clásicas, o crea neologismos basados en raíces, prefijos o sufijos de origen grecolatino, de modo que los términos tienen una base de representación similar en las lenguas habladas por los médicos de diferentes países.(22)

A pesar de todo esto, el lenguaje médico no siempre se adecua a un criterio lógico y uniforme pues participa de las imprecisiones y ambigüedades propias del lenguaje en general. Dicha ambigüedad se origina de circunstancias como la variación diacrónica del significado de los términos, de la utilización de epónimos y acrónimos que tienen a veces un ámbito de uso limitado e incluso puramente coyuntural o, como ya se dijo, de la presencia de fenómenos semánticos como la homonimia, la polisemia y la sinonimia; más genéricamente, la paráfrasis. A estos problemas cabría añadir el de los barbarismos o faltas de forma y empleo correcto de las palabras, entre los que destaca el uso innecesario de términos procedentes de otros idiomas con traducción incorrecta o por asimilación inadecuada a través de otras lenguas, especialmente del inglés, de neologismos de base grecolatina. No obstante, del mismo modo que los problemas no son del todo nuevos, tampoco lo son las soluciones, o al menos no de una manera radical.(22,23,24)

Es por ello que analizando la actualidad con miras hacia el futuro de la eponimia, se pueden formular en dos recorridos semejantes, uno en las disciplinas morfológicas y otro para las demás disciplinas médicas. En esta disciplina médica la tendencia indica que muchos nombres epónimos seguirán desapareciendo a medida que los cuerpos colegiados de los comités de investigadores anatómicos del mundo implicados lo acuerden de esa manera. Sin embargo, esto no ocurrirá seguramente en el término más inmediato, ya que gran número de ellos se encuentran muy arraigados en el lenguaje médico de publicaciones científicas que se refieren al área de la morfología.

Asimismo, parece que lo más probable es que no surjan nuevos nombres epónimos, en ninguna de las áreas del saber médico, ya que en la actualidad todos los desarrollos médico-científicos son el producto del trabajo en equipo constituidos por varios o muchos individuos, lo que hará difícil denominarlos con un nombre que involucre a todos los que participaron en el hallazgo o en el descubrimiento. De igual manera, la aparición de nuevos nombres epónimos para la definición de nuevos hallazgos en el área de la medicina, se verá limitado debido a la falta de exactitud, tanto desde el punto de vista lingüístico como desde el punto de vista conceptual, lo que llevará a la comunidad científica a bautizar o nombrar sus descubrimientos con palabras asociadas directamente con la temática, es decir, una terminología anatómica, médica más descriptiva, que les permita a los profesionales entender más fácilmente de qué se está hablando.

Las reflexiones expresadas aquí, producto de las revisiones documentales sobre el tema, demuestran que de manera constante y permanente se siguen y seguirán creando nuevos términos anatómicos normalizados en la nomenclatura anatómica vigente, para uso en la educación anatómica mundial, y que el conjunto de estos términos será parte de más del 80% del lenguaje científico técnico cotidiano del currículo del futuro médico, incorporado a las herramientas lingüísticas al vocabulario médico actual.

Conclusión

En el momento actual no son pocas las voces que opinan en torno a la pertinencia que tiene el empleo de epónimos en anatomía de las cuales muchas y diversas apoyan su erradicación total dentro del lenguaje de las ciencias médicas. Sus argumentos no son triviales, puesto que los problemas que plantean los epónimos son numerosos, tal y como hemos puesto de manifiesto a lo largo de esta revisión. Sin embargo, el uso de epónimos en anatomía es discutido, tanto entre los médicos como entre los especialistas del lenguaje: para mucho su uso se parte indispensable del idioma médico debido a que trascendido las propias fronteras del lenguaje, se puede oír en hospitales y universidades, escuelas de medicina como se puede leer en texto, atlas, revistas e, inclusive, en las páginas web de la internet, entre otros.

En la actualidad la tendencia es eliminar los nombres propios y limitarse a una terminología de índole más descriptiva basada en los nuevos conceptos del consenso actualizado de la Nomenclatura Anatómica Internacional, pero para lograrlo se hace necesario un gran empeño en renombrar apropiadamente cada término, o cada estructura anatómica y, al tiempo que se hace necesario generar un cambio en el vocabulario debe ocurrir otro tanto en la manera de pensar de los millones de profesionales de la medicina que imparten el saber de la anatomía humana en las Escuelas de Medicina alrededor del mundo.

Finalmente, se hace imprescindible hacer un llamado a los editores de las revistas médicas para que se abstengan de usar tanto epónimos en los artículos que publican, como términos que no estén adaptados a la Nomenclatura Anatómica Internacional actualizada.

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Dr. Juan C. Araujo C.

jcaraujoc_65@hotmail.com

Dra. Milagros Sánchez
Dra. Edwinis Garcia-Fontalvo