131.- Macrólidos. Efectos inmunomoduladores y antiinflamatorios en enfermedades respiratorias

El asesoramiento sobre la problemática de los niños con limitaciones visuales es una gran reto que debe comenzar antes del nacimiento. Con los controles de embarazo adecuados, se pueden evitar enfermedades, como la rubeola, que pueden producir ceguera por formación de cataratas o, en el aspecto natal con la prevención de infecciones oculares y de la asfixia, mediante un manejo adecuado del oxígeno en la sangre de los recién nacidos prematuros que puedan sufrir daños de las retinas en el lapso postnatal (después del parto), con el control pediátrico y con la ayuda de otros especialistas, oftalmólogos, neurólogos.

Es necesario resaltar que los oftalmólogos recomiendan la evaluación, al nacer, a los seis meses, para descartar las enfermedades que se mencionaron anteriormente, además de estrabismo (desviación de los ojos), trastornos de refracción (miopía, astigmatismo e hipermetropía). Igualmente a los seis años el niño debe ser evaluado, aunque los ojos de los niños parezcan normales, para garantizar su visión cercana, lejana, su rendimiento escolar y sus prácticas deportivas.

La ayuda al niño ciego debe ser desde el primer día de nacimiento. No podemos olvidar que es diferente a los demás, para entender sus demandas de estímulos y afectos que nos permitirán ayudarle a avanzar diariamente para adaptarse al ambiente.

El niño ciego amerita que se le hable mucho, para lograr compensar los incentivos visuales inexistentes, y poder, poco a poco, aventurarse a explorar como los niños con visión. El niño ciego aprende a ver con su corazón, manos y oídos, por eso el papel de la familia es el más importante.

¿que debemos hacer para ayudar al niño invidente?

  • Aceptarlo, tratarlo primero como niño y segundo como niño ciego.
  • Estimularlo.
  • No sobreprotegerlo.
  • Reprenderlo si comete faltas.
  • No descuidar al resto de la familia.
  • Llevarlo para que el pediatra lo evalúe con regularidad.
  • Llevarlo al oftalmólogo y al resto de los especialistas de centros especializados, donde lo orientarán permanentemente durante su crecimiento.
  • No tenerle lástima.
  • No aislarlo.
  • Darle estímulos para su desarrollo neurológico, como un niño normal.
  • Utilizar juguetes sonoros. Hablarle mucho.
  • Al ir creciendo, llevarlo a pasear y explicarle todo sobre su ambiente, árboles, cielo, flores, animales.
  • Llevarlo a la playa para que note la diferencia con la ciudad.
  • Al caminar, enseñarlo a evaluar los objetos en cada lugar de la casa y explicarle con calma de qué se trata.
  • En el cuarto, ayudarlo a conocer su cama, armario. En la sala, mesa y muebles; en el baño, lavamanos y tina; en la cocina, nevera, la cocina y olores de diferentes alimentos.
  • Enseñarlo a ser ordenados.
  • Ayudarlo a subir las escaleras, poco a poco; indicarle los desniveles y poner sus manos en los pasamanos.
  • Enséñele Braille.
  • Enséñele a pedir ayuda.
  • Indicarle cualquier cambio de posición de los muebles dentro de la casa.
  • Enseñarlo a montarse en los carros (con su mano que toque la parte superior de la puerta, para así evitar los golpes en la cabeza).

Al salir a pasear

Si van a un restaurante, leerle la carta y, posteriormente, indicarle la posición de los alimentos en el plato, orientándolo con la posición de las agujas del reloj. Ayudarle a sentarse, indicarle la posición de la silla y llevarle su mano al respaldo de la silla

Referencias

  • González Mariño, Caridad y Piguevedo, Alicia Santa Bella: La educación del niño ciego en la familia en los primeros años de vida. 1A edición, La Habana, 1988.
  • Asociación zuliana de ciegos. Folleto historia de un ideal de vida. XI aniversario (1968-1998).
  • Centro médico docente la trinidad. Hijo, mírame con buenos ojos [tríptico], 1998.
  • Powley-gardner. El niño disminuido.
131.- Macrólidos. Efectos inmunomoduladores y antiinflamatorios en enfermedades respiratorias
Dr. Rafael Godoy Ramírez